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Maria Sergia (Guiral) Steen
El sello torcido
Se oyó por todas partes. Los altavoces chillaban de forma descomunal; yo medio aturdida me desperté llena de temor, cogida en el entresueño sin saber el porqué de aquel estruendo. En toda la plaza del pueblo resonaba la misma voz:
____ “Ud. La de la casa azul y blanca, preséntese en la comisaría de la calle Mayor, cerca de correos. Se ha encontrado un sello torcido en una de sus cartas”
No había duda era yo. Me calcé unas zapatillas y algo más, y me precipité a la calle. La orden la conocía: “Estaba prohibido colocar los sellos torcidos en la carta. La efigie representada tenía que estar perfectamente alineada. Lo contrario implicaba subversión al régimen”.
____ Caramba con la orden, me dije.
No tenía ni idea de cómo había roto una ley tan clara. Me lo repitieron en cuanto llegué. Claro, allí estaba el sello, más que torcido: con la cabeza casi abajo. Romper la ley suponía hacer 6 meses de servicios auxiliares y 3 de prestaciones voluntarias en un hogar de ancianos; eso si decidían que no había habido intención.
Pero no era eso todo: tenía que declarar ante un juez y prestar declaración en cuanto a mis intenciones y de lo contrario presentar pruebas para comprobar mi inocencia. ¿Pruebas? No había nadie en casa cuando lo pegué. La efigie del sello era cosa sagrada. Podía significar, visto desde afuera, que quería asesinarlo; que intentaba derrocarlo; que le deseaba la muerte o la horca; que anhelaba que desapareciera del mapa; que indicaba que debían lincharlo; que insinuaba que había que bajarlo del poder o quemarlo. Francamente lo consideré macabro. Mi mente se quedó en suspenso sin saber a que atenerme.
¿Pero quién me sacaría del atolladero, sin familia, sola en mi cuarto__parecía que todos habían desaparecido. ¿ Y si se los habían llevado antes del anuncio?
Finalmente decidí afrontar los cargos y me presenté ante el juez.
Interrogatorio:
____Edad.
____De veinte a treinta.
____Domicilio
____La casa azul y blanca.
____Afiliación.
____Mis ideas.
____Eso no lo encuentro claro, ¿subversivas o no?
____Creo que me salen de las dos.
____Profesión.
____Visitar amigos.
____Queremos saber que le llevó a torcer el sello. Porque el cargo es serio.
____Fue cuando le di el puñetazo.
____¿Quiere decir que además le pegó en la cara?
____Sí. Por lo de la goma. ¡Es tan mala! No pega.
____Señorita o señora, usted es ya mayorcita para decirme, sin responsabilidad, que le pegó a la efigie.
____No había otra forma. Lo siento porque además conozco a gente a la que se le ha encarcelado por decir o hacer cosas semejantes. Yo tenía que estar avisada.
____Por ejemplo, dígame. ¿Igual me insinúa que usted conoce los adentros de la ley y los cargos impuestos mejor que los jueces?
____No, porque no se conocen las leyes o reglas; se van haciendo, así como sale, sobre la marcha. Bien lo sabe usted. A algunos vecinos míos les han ocurrido cosas raras: desaparición de la tarjeta de racionamiento o limitaciones diarias de la compra de pan; imposibilidad de subir a un tranvía sin llevar una banda que diga: “Soy culpable; torcí dos sellos”. O la imposición de tener que enviar las cartas a través de la comisaría y colocar la efigie de forma perfecta, en presencia de la policía o del alcalde, fiable por ser siempre parte de lo establecido.
____¿Tiene más comentarios...?
____Conozco de sanciones, por otras razones.
____Usted dirá.
____Por fisgonear delante de ayuntamiento en días de desfile; por hacer cola para la carne desde la noche anterior; por subirles frutas a los presos; por doblar periódicos del régimen verticalmente. Son algunas que recuerdo.
____Todo lo que dice puede o no puede ser cierto. Según quien lo cuente.
____Me gustaría saber si puedo enderezar el sello. La cosa es bien sencilla: lo despego y si se rompe, siempre lo puedo arreglar con un poco de pegamento hecho con harina y agua.
____¡Que barbaridad! Romperlo. Cada vez se pone la cosa peor. Cuente con que esta subversión le podía costar la vida. Hay intención.
____Intención, ¿ de qué? Con el cuidado que he tenido siempre. Me lo advirtieron hace tiempo, pero con lo del puñetazo se corrió. Ya ve.
Llamada de teléfono.
____Aranxa, que han recogido tu cartera en la oficina de objetos perdidos. Imagino que andarás loca. Me lo vino a decir Juancho
____Sabes, creí que la había dejado en el coche, pero no estaba segura. Por eso debió ser lo del sueño o el vinillo que me tomé con Perico o que sé yo.
____¡Que descuidada eres!
____Menudo lío me llevaba yo en sueños. ¿Te acuerdas Marisa de lo que contaba la tía Joaquina y toda la gente del julepe? ¿De lo que pasaba en la guerra? El sueño fue kafkesco. Me veía ya encarcelada por haber colocado un sello torcido que llevaba aquella efigie: la misma de siempre, con aquella cara redonda, bigotillo y frente despejada.
____No sé si te lo estas inventando todo. ¡Descuidada!
____Oye, que me visto y voy por la cartera; te llamo en cuanto vuelva.
Salí de estampía y me personé en la oficina de objetos perdidos. Recogí la cartera. Mi preocupación eran las tarjetas de crédito por lo del robo de identidad. ¡Que ya ni sabía si mi identidad era mía o no! La abrí. La Visa y la otra estaban juntitas. Todo bien. Pero...en el apartado de los billetes encontré una carta doblada... ¡con un sello torcido!
Buscándole alguna explicación traté de recordar si yo había puesto la carta allí, o que pasaba. ¡Ah ya recordaba! Sí, fui yo. Me perseguía la manía de colocar los sellos de forma perfecta, quizá por el complejo de culpabilidad adquirido después de tantas versiones y comentarios de mi tía Joaquina, de su marido, de los vecinos cuando pasaban a jugar a las cartas. Ya por años y años me fustigaban la mente con los sellos torcidos, los saludos, mano en alto a la policía y demás.
Creo que había decido acabar con el dichoso complejo, ponerle final al asunto y por eso decidí poner el sello al revés con un puñetazo y enterrar el pasado.
Esto se podía titular “la venganza del sello”.
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